lunes, 12 de septiembre de 2016

Albarracín

La historia y el patrimonio de Albarracín, Teruel_ España, han sido la materia prima para convertir a este pueblo en uno de los más bonitos de España, pero la ciudad cultural en la que se ha convertido no hubiera sido posible sin el trabajo de la Fundación Santa María, que cumple ahora 20 años.


Con calles estrechas y serpenteadas y el yeso rojizo de sus casas, Albarracín ofrece estampas ideales. La Capital Medieval de su Señorìo (ellos sólo se declaraban vasallos de Santa María), dinastía de los Azagra, vivieron, lucharon y sobrevivieron como Estado Independiente durante varios siglos.


La dinastía Azagra provenía de tierras Navarras y cuando no eran hostigados por otros reinos Cristianos o Musulmanes convivian en Paz, Armonia y Prosperidad. Hasta hoy nos ha llegado Albarracín perfectamente conservada y acertadamente restaurada en lo que fué preciso.


Sus fuertes Murallas y la Bravura de sus Habitantes hizo escribir al mismo Cid Campeador en su misiva a su esposa Doña Jimena cuando se dirigía al recién conquistado Reino de Valencia para reunirse con él: "Tened cuidado mi señora Doña Jimena cuando paséis por Albarracín".


Todo esto y mucho mas se puede rememorar paseando por las estrechas y a veces empinadas calles y aprovechadas plazas de tan preciosa ciudad donde el tiempo parece haberse detenido como se detiene en cada cuadro pintado in situ por algún pintor en los sitios mas pintorescos o cada foto hecha por los turistas de tiempos ajenos pero propios en su dignidad y nobleza.


El delicioso casco antiguo de Albarracín es sólo para peatones y está muy alto. Si subes en la tarde, verás que los pasadizos bajo los arcos, las escalinatas, los portales de las mansiones señoriales, parecen habitados por misteriosas sombras. Albarracín destila un aire aristocrático, lo ves en sus puertas tachonadas, en los llamadores de hierro, en sus balcones corridos de madera tallada y en su espectacular herrería. 


En alguna callecita estrecha que baja tortuosa, hay pequeñas plazoletas que se abren sobre el abismo desde donde casas de arquitectura más popular parecen colgar. El panorama es bellísimo. Para la construcción de los edificios de Albarracín se ha usado desde siempre el yeso más que la piedra, y el color de sus muros tiene el exacto color de los barrancos sobre la que está asentada.


Muchas cosas se han dicho de Albarracín que al viajero no le dejará indiferente. Ubicada en los Montes Universales, sobre el profundo tajo que crea el río Guadalaviar, no ha perdido su estampa de evocación medieval. Está situada en un marco natural impresionante, a 1.171 metros de altura, y posee un clima de sierra.


La escasez de terreno generó las construcciones típicas de la ciudad, que hoy perduran, con calles estrechas y casas escalonadas en cuyas fachadas predomina el yeso rojizo tan característico de Albarracín, menos un palacete del siglo XVIII, "Casa de los Navarro de Arzuríga". Una "leyenda urbana" pretendidamente histórica rodea a la familia del ilustre abolengo procedente de Navarra desde los tiempos de la colonización cristiana de D. Pedro Ruiz de Azagra en el s. XII.


El color azul de la casa no es el original del s. XVIII. Aquel era un azul denominado “añil aragonés” que era usado frecuentemente en las construcciones y decoración de las casas de esa época en Aragón y zonas limítrofes.


Cuentan que el dueño de la casa era un ganadero trashumante y que en una de las bajadas a Jaén para superar el crudo invierno de esos lugares se enamoró de una joven andaluza de La Carolina, se casó con ella y se trasladaron a Albarracín. La joven añoraba mucho su tierra y a su familia e intentó volver a vivir a La Carolina.



Pero el Señor Navarro de Arzuriaga para que se quedara contenta, hizo un suntuoso palacio dándole un aire arquitectónico andaluz con un destacado color azul y en el que alojó a toda su familia. Me fascino la historia tan bonita y no dejaba de mirar el escudo de la familia, que por cierto, en toda la comarca esta llena de escudos familiares y signos por los suelos y en las puertas.


El paseo empinado por la ciudad, adaptado a la topografía en la que se asienta, es altamente recomendable: callejuelas y pasajes, escalinatas, aleros imposibles, y rejerías se suman al buen número de edificios singulares y monumentales, entre los que destacan la catedral y numerosas mansiones señoriales. El viajero cidiano reparará sin duda en mirar y poco se puede decir de este pueblo tan pintoresco para expresar toda su belleza.



Y termino con mi gran tesoro " Aaron", un viajero fantástico que siempre esta con muy buen humor pero que esta vez se ha quedado agotado, no por pasear por las calles pintorescas de Albarracín sino por el calor que hacia.




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